La educación es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo del ser humano y, como no puede ser de otra forma, debemos analizar cuál es el estado de salud de la educación en nuestro país en la actualidad.
Según datos del sindicato de educación STEs (Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza), publicados el 12 de enero de 2026, se denuncia que las “insolencias y vejaciones” por parte del alumnado y las familias están provocando ataques de pánico en el profesorado, así como el consumo de ansiolíticos y un aumento de las bajas médicas. Estas conclusiones se extraen de una encuesta realizada a docentes no universitarios, en la que el 83 % del profesorado afirmaba que solo aspira a sobrevivir hasta la jubilación.
Otros estudios sindicales realizados en diferentes comunidades autónomas reflejan una situación preocupante y generalizada: una parte significativa del profesorado declara sufrir una mala o muy mala salud psicológica, manifiesta su disposición a abandonar la profesión y considera que los currículos educativos están desconectados de las necesidades reales del alumnado.
En Castilla-La Mancha, el sindicato CSIF, en fecha 8 de enero de 2026, alerta de un repunte de la violencia escolar en la región. Señala que más del 50 % del profesorado sufre agresiones verbales, amenazas o faltas de respeto, y que el 22 % de los conflictos están relacionados con el uso de móviles y redes sociales. Asimismo, CSIF denuncia que muchos docentes acuden al aula con miedo, afirmando que la Ley de Autoridad del Profesorado existe en el papel, pero no se aplica de forma efectiva, lo que genera una clara sensación de desprotección. En este mismo artículo, publicado en elDiario.es, se indica que la salud mental del profesorado se encuentra en niveles críticos.
Estos estudios dejan en evidencia el grave deterioro de la salud mental del sistema educativo en España, ya que sin el bienestar psicológico de sus profesionales resulta imposible garantizar una educación de calidad. Un profesorado agotado, desbordado y falto de recursos difícilmente puede desempeñar su labor educativa con eficacia y estabilidad.
Como sabemos, en el proceso educativo no solo el profesorado es protagonista. El alumnado y las familias desempeñan un papel esencial, por lo que se hace imprescindible impulsar medidas que fomenten una mayor implicación familiar, no solo en el seguimiento académico, sino también en la educación emocional, el respeto a las normas de convivencia y la valoración del trabajo docente. Esta implicación influye de manera directa en el clima escolar y en las relaciones entre alumnos y profesores.
Desde las familias debemos ser conscientes de que la educación en valores, actitudes y formas de relación se construye principalmente en el ámbito familiar. Nuestros hijos e hijas reproducen en el aula, en gran medida, los comportamientos que observan en casa. El respeto a la figura del docente, la gestión adecuada de los conflictos, el uso responsable de la tecnología y el establecimiento de límites claros son aprendizajes que comienzan en el hogar y se consolidan en la escuela.
Asimismo, es fundamental reforzar la idea de que los profesores y profesoras son aliados imprescindibles, y no enemigos, en el desarrollo personal y académico del alumnado. La confianza mutua, el diálogo respetuoso y la cooperación entre familias y profesorado son claves para crear entornos educativos seguros y saludables. Cuestionar sistemáticamente la autoridad docente o trasladar conflictos al alumnado solo contribuye a deteriorar la convivencia y a aumentar el desgaste emocional.
Por último, resulta necesario avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad educativa, en el que administraciones, centros, familias y docentes trabajen de manera conjunta, desde el respeto y la colaboración. Solo a través de esta alianza será posible proteger la salud mental del profesorado, mejorar la convivencia en los centros educativos y garantizar una educación de calidad que responda verdaderamente a las necesidades del alumnado y de la sociedad.
Por lo que es necesario una intervención seria y coherente si se quiere trabajar la salud mental del sistema educativo, y desde el COPCLM queremos hacer referencia a una figura, que en la actualidad está dando muy buenos resultados, en las comunidades en las cuales se está implantando, que es la figura del psicologo/a educativo. Una figura que en colaboración con los orientadores, están interviniendo en los problemas arriba reflejados.
Andrea García Beato.
Psicóloga y vocal de la Junta de Gobierno del COPCLM.
Colegiada CM02689






