Con motivo del Día Mundial de la Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal, que se conmemora el 15 de octubre, el Grupo de Trabajo de Psicología Perinatal del Colegio Oficial de Psicología de Castilla-La Mancha pone el foco en el impacto emocional de estas pérdidas y en la importancia de ofrecer acompañamiento psicológico cuando sea necesario.
La pérdida de un embarazo o la muerte de un bebé durante el embarazo, el parto o los primeros días de vida constituyen una experiencia de gran impacto emocional. Aunque su frecuencia y sus circunstancias varían según el momento en que se produce, estas pérdidas pueden tener importantes repercusiones en la salud mental de las familias y requieren una atención sanitaria sensible, respetuosa e individualizada.
Las pérdidas gestacionales tempranas son frecuentes: aproximadamente el 10 % de los embarazos clínicamente reconocidos termina en aborto espontáneo, y alrededor del 80 % de estas pérdidas se producen durante el primer trimestre (American College of Obstetricians and Gynecologists [ACOG], 2018). En etapas posteriores, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2022 se produjeron aproximadamente 1,9 millones de muertes fetales a partir de las 28 semanas de gestación. A estas cifras se suman las muertes neonatales: en 2022 fallecieron aproximadamente 2,3 millones de recién nacidos durante los primeros 28 días de vida (OMS, 2024).
Las consecuencias psicológicas de estas experiencias pueden incluir tristeza intensa, culpa, ansiedad, síntomas depresivos y sintomatología de estrés postraumático. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Journal of Affective Disorders encontró que las mujeres que habían experimentado una pérdida perinatal presentaban un riesgo de trastornos depresivos 2,14 veces mayor y de trastornos de ansiedad 1,75 veces mayor que los grupos de comparación (Herbert et al., 2022). Asimismo, la evidencia señala que, tras una muerte fetal, pueden persistir síntomas de depresión, ansiedad y estrés postraumático a corto y largo plazo (Westby et al., 2021).
El impacto no se limita a las madres. Las parejas y otros miembros de la familia también pueden experimentar un proceso de duelo, aunque las manifestaciones emocionales y las necesidades de apoyo sean diferentes. Además, las expectativas sociales, el silencio que rodea a estas pérdidas y la falta de reconocimiento de su significado pueden dificultar la expresión del sufrimiento y la búsqueda de ayuda.
Desde la Psicología, resulta fundamental reconocer la singularidad de cada proceso de duelo, evitar minimizar la pérdida por el momento gestacional en que se produce y facilitar un acompañamiento respetuoso, sin imponer tiempos ni formas predeterminadas de elaboración emocional. La detección de dificultades psicológicas persistentes y el acceso a intervenciones basadas en la evidencia pueden contribuir a reducir el sufrimiento y favorecer el bienestar de las familias (Liu & Shorey, 2021).
Acompañar a las familias en estos procesos no siempre es fácil. Cada duelo es personal y único y, dentro de una misma pareja o familia, pueden coexistir formas diferentes de experimentar, expresar y afrontar la pérdida. Estas diferencias no significan que una persona sufra más que otra ni que exista una manera correcta de vivir el duelo. Reconocerlas permite atender las necesidades de cada miembro de la familia, respetando sus tiempos, sus recursos y su forma de establecer y mantener el vínculo con el bebé.
Acompañar, en muchas ocasiones, significa escuchar sin juzgar, sostener el silencio y ofrecer un espacio seguro para que las emociones puedan expresarse y encontrar su lugar. No siempre es necesario encontrar palabras que alivien el dolor ni ofrecer respuestas a preguntas que quizá no las tengan. A veces, el acompañamiento consiste, sencillamente, en estar presentes, reconocer la pérdida y transmitir a la familia que no tiene que atravesar este proceso en soledad. La atención respetuosa, la comunicación empática y el reconocimiento de las necesidades de las familias son elementos fundamentales de una atención adecuada tras la muerte perinatal (Ellis et al., 2016).
Por el contrario, negar el sufrimiento o minimizar el dolor, incluso con la intención de consolar, puede aumentar la sensación de incomprensión y soledad. Expresiones como «podréis tener otro bebé» o «mejor ahora que más adelante» pueden transmitir involuntariamente que la pérdida tiene menor importancia por el momento en que se ha producido o que el sufrimiento debería ser más fácil de superar. Cuando el entorno no reconoce la legitimidad del dolor, puede producirse un duelo desautorizado: una experiencia en la que la pérdida, el vínculo afectivo o la expresión del sufrimiento no reciben suficiente reconocimiento social. Esta falta de reconocimiento puede contribuir al aislamiento y dificultar la búsqueda de apoyo (Burden et al., 2016).
Es importante recordar que el duelo no es, por sí mismo, una enfermedad, ni su intensidad o duración permiten concluir automáticamente que existe un trastorno. Sin embargo, algunas personas pueden experimentar dificultades persistentes o problemas de salud mental que requieran atención especializada. Por ello, acompañar también implica reconocer cuándo el sufrimiento necesita una intervención psicológica específica, facilitar el acceso a los recursos adecuados y mantener una atención sensible a las necesidades de cada persona. El objetivo no es patologizar el duelo, sino evitar que las familias queden desatendidas y ofrecer apoyo cuando lo necesiten. La evidencia disponible señala que las intervenciones psicosociales pueden contribuir a reducir los síntomas de depresión, ansiedad y duelo tras una pérdida perinatal (Liu & Shorey, 2021).
En una sociedad marcada por la rapidez y la dificultad para sostener el dolor ajeno, detenerse a escuchar y acompañar el duelo constituye, en sí mismo, un acto de cuidado. Esta tarea resulta especialmente necesaria ante las pérdidas gestacionales y perinatales, que con frecuencia permanecen invisibilizadas en los entornos familiares, sociales y sanitarios. Darles visibilidad significa reconocer la existencia del bebé y el significado de su pérdida, respetar las distintas formas de vivir el duelo y crear espacios en los que las familias puedan expresar su dolor sin sentirse juzgadas ni presionadas para recuperarse en un tiempo determinado.
Visibilizar la muerte gestacional, perinatal y neonatal también significa reconocer el duelo, escuchar sin juzgar y garantizar que ninguna familia tenga que afrontar su sufrimiento sin el apoyo que necesita.
Rosa de Lamo Arenas y Cristina Pozo Bardera
Grupo de trabajo de Psicología Perinatal del Colegio Oficial de Psicología de Castilla-La Mancha
World Health Organization. (2024, March 14). Newborn mortality.






