A propósito D… 18 de febrero, Día Internacional del Síndrome de Asperger

El 18 de febrero celebramos el Día Internacional del Síndrome de Asperger, coincidiendo con la fecha del nacimiento de Hans Asperger, quien puso en el mapa este patrón de comportamiento ya en 1944.

El actual Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales – DSM-5 – (2014) deja atrás los llamados Trastornos Generalizados del Desarrollo, entre los que encontrábamos el Síndrome de Asperger, para ofrecernos una visión menos cerrada y estática de los trastornos autistas, reflejando una visión más dimensional, abierta y continua a lo largo de un espectro. Esta visión más dinámica y continua de los ahora llamados Trastornos del Espectro Autista (TEA) refleja la variabilidad y la diversidad que encontramos entre distintas personas que los presentan. Incluso, en una misma persona pueden darse cambios en la forma de comportarse y de relacionarse con su entorno y con los demás a lo largo de los años o en función de las circunstancias. ¡Exactamente igual que ocurre a las personas que están fuera del espectro!

Aunque la nueva categorización incluye el Síndrome de Asperger en los TEA, coloquialmente tiene bastante peso y es bastante reconocible.

A grandes rasgos, los TEA (DSM-5) suelen manifestar:

.- Déficits persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos.

.- Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses y actividades.

Estas dificultades se presentan desde etapas tempranas de la vida y causa un deterioro significativo. Y no pueden explicarse mejor por retraso del desarrollo ni por discapacidad intelectual.

Pero no tenemos por qué poner el foco solamente en las disfunciones sino en las fortalezas o habilidades que puedan presentar como por ejemplo, atender a los detalles, gran capacidad para memorizar o de razonamiento analítico por ejemplo.

Si bien es cierto que las habilidades sociales o para empatizar que presentan personas con TEA suelen ser deficitarias, no debemos confundir este aspecto con el hecho de no sentir. Imaginemos tener que comunicarnos con personas en un idioma que no entendemos, y además no contar con la información de su expresión facial, su tono de voz….. ¿difícil verdad? Podríamos decir que tienen dificultades para sintonizar con ese tipo de información. Por eso les cuesta adaptarse, no jugamos con las mismas reglas.

Es importante que todos y todas seamos conscientes de la variabilidad y diversidad que podemos encontrarnos tanto en el espectro autista como fuera de él. Quienes tenemos el privilegio de poder adaptarnos a los demás, tenemos también la oportunidad de tenderles la mano y facilitar y hacerles el mundo más accesible. Acerquémonos al espectro del TEA, convivamos con él y ayudemos a que ellos y ellas formen parte activa de nuestra sociedad desde sus individualidades y particularidades a través de apoyos cuando sea necesario, y permitiéndonos disfrutar de sus aportaciones.

Y en este acercamiento al espectro juega un importante la Psicología. Desde la investigación estudia cómo es el procesamiento de la información en personas que manifiestan TEA o cómo identificar o mejorar sus patrones de conducta. Desde la práctica clínica ofrece terapias y tratamientos para mejorar comportamientos, para favorecer una información más accesible y la interacción con el entorno, para adquirir o mejorar habilidades comunicativas, habilidades sociales, etc. Ahora que tanto se habla de salud mental, en estos casos su cuidado es crucial. La psicología ayuda también a prevenir y tratar otros trastornos o disfunciones que pueden aparecer en el estado de ánimo, de ansiedad, problemas de conducta, etc. Sobre todo en la niñez, será básico trabajar con las familias, sin cuya colaboración parte del trabajo caería en saco roto. Desde la educación la psicología sienta las bases para que tanto los distintos profesionales implicados como los familiares, cuidadores o cuidadoras favorezcan aprendizajes adecuados adaptando sus pautas de aprendizaje, ritmos, materiales, contenidos, etc., al individuo en particular.

Así, desde distintas áreas y perspectivas la psicología como ciencia y la psicología como profesión, participa como vehículo hacia el bienestar y la inclusión de personas que presentan TEA a lo largo de toda la vida de la persona.

María José Aguilar Córcoles.
Psicóloga colegiada en el Colegio Oficial de la Psicología de Castilla-La Mancha.
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